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La noche del pasado jueves, el Teatro Xicohténcatl, sirvió mutuamente de contrapunto para que los espectadores pudieran apreciar la aridez de los paisajes existenciales que dominan el alma del mundo actual
Gustavo Herrera / Archivo / Síntesis |
El Fondo Regional para la Cultura y las Artes y la Secretaría de Cultura del Distrito Federal son las dos entidades gubernamentales que apoyaron la difusión del laboratorio escénico echado a andar en el barrio de Santo Domingo, de la delegación Coyoacán, proyecto que tiene como propósito "acercar a la gente del lugar a un lenguaje teatral moderno sin perder el sentido social del teatro mismo".
Pero más allá del apoyo de las autoridades, los verdaderos creadores y gestores del proyecto han sido los grupos "La Escuelita" "Barrio de Santo Domingo" y "Festinatio Teatro". A partir de una idea original, dieron a la luz una propuesta vanguardista, basado en la dinámica de la creación colectiva.
Fruto de este esfuerzo es la obra Variaciones sobre las aves, una poderosa puesta en escena que indaga en la "discapacidad" emocional de la que frecuentemente son presas las personas. Bajo la dirección de Ireli Vázquez, las jovencísimas actrices Quy Lan Lachino, Fátima Paola, Anelvi Rivera y Laura Uribe dan vida a cuatro personajes encerrados en sus respectivas jaulas existenciales, a la manera de aves metafísicas que se deban por alcanzar la felicidad.
Con actuaciones sobrias pero de fuerte carácter, las cuatro mujeres proyectan universos disímbolos, que la noche del pasado jueves en el Teatro Xicohténcatl, se sirvieron mutuamente de contrapunto, para que los espectadores pudieran apreciar la aridez de los paisajes existenciales que dominan el alma del mundo actual.
Así, se pudo apreciar una peculiar coreografía, que marcaba ritmos y frecuencias de movimiento sobre las tablas. Amparadas en una escenografía minimalista y con mínimos recursos de utilería, se pudo apreciar los problemas que cada una de ellas tiene para sobrellevar su vida.
Por ejemplo, Lola, es una escritora que no tolera la felicidad; Cecilia asegura que es ciega, por lo que pide que le describan el mundo; Ana se ampara en una supuesta invalidez de sus piernas para hacer que la carguen y la soporten –es este quizás el personaje más fuerte, que demanda mayor esfuerzo físico, toda vez que literalmente se arrastra por el escenario–, y por último Malina, una pequeña a la que se impide decir lo que piensa y quiere.
En esta dinámica, el argumento se difumina, para que el espectador se concentre en los conflictos particulares de cada uno de los personajes. En este sentido, se convierte en un laboratorio en el que se experimenta con las emociones y los sentimientos encontrados.