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Especial / Síntesis
Babel —poema al margen del tiempo— vuelve a temblar ante el peligro cercano, Babel, confusión que engendra el odio e impide de abrir las puertas del reino de la comprensión entre los hom¬bres.
Pero el poema lleva en su canto una esperanza cierta s una salvación segura: el amor. Está al margen del tiempo, (piar no existe para la eternidad del espíritu dispuesto a amar. Si¬tuados acá, en la ficción temporal que nos esclaviza, pensamos en que la hora tarda y los hombres están en completa ceguedad frente al peligro. No importa: la hora ha de venir aun en este vivir irreal que es sólo apariencia. Tendremos la comprensíón de la verdad: la salvación por el amor, que todo lo abrasa lo purifica, y en que todo cabe. El amor sin fronteras de razas ni de credos, de lenguas que nos confundan ni de doctrinas que nos separen. Pero ello será. Y el amoroso mensaje brota de lo, labios de la mujer, la misma al través de los engaños del tiempo, la beatífica conductora por los complicados círculos del dolor humano.
Todo el poema es un canto a la paz, una condenación de cuanto la impide o la perturba. Revela toda la angustia del poeta frente a la ceguedad humana; se indigna al contemplar la codicia, engendradora del odio y de la violencia. Presiente que la tremenda catástrofe puede volver mientras la cobardía hu mana no quiera o no sea capaz de contemplar de frente la verdad. Y la esperanza, que alienta todo el poema, vacila al final como un jirón de niebla suspendido en las alas del viento.
Los horrores de la última guerra y la crueldad de quienes provocaron el conflicto y obligaron a los pueblos agredidos a la misma odiosa respuesta, no se apartan todavía de la imagina¬ción atormentada. Nadie ignora que un nuevo choque belicoso, con armas de incalculable poder, amenazantes de ciudades abiertas en que circulan las mujeres y los niños, con instrumen¬to mortíferos que se desvían ignominiosamente de los fines benéficos de la ciencia, amenaza la vida del mundo o amaga la destrucción de una cultura, trabajosamente lograda al correr de los siglos. ¿Por qué entonces alarmarse por los gritos de paz, por la plegaria de las almas buenas en favor de un acuerdo de fraternidad entre los hombres? Mientras no alentemos en una sola fe, en tanto que las fronteras nos dividan y el concepto de raza nos separe; mientras el hombre sea, sin confesarlo, el lobo para el hombre; mientras la enemistad surja por una palabra que no es la nuestra o por un sentimiento que no comparti¬mos, ¿por qué no juntarnos en noble defensa ante el peligro común que nos amenaza y dar tregua a la injuria y a la vio¬lencia'. A mí no me amedrentarán nunca interpretaciones malévolas ni juicios aventurados o incomprensivos sobre mi actitud condenatoria de la guerra. Yo seré un pacifista hasta que la muerte cierre mis ojos; un hombre que condena como un crimen la agresión armada. Condenaré desde lo más pro-fundo de mi conciencia el uso de armas movidas por fuerzas cuyo empleo se desvía de un fin benéfico y creador hacia la destrucción y la muerte. Es infantil o malintencionado ligar esta actitud mía, clara y sincera, a consignas de handerías o a compromisos contraídos con agrupaciones doctrinarias de cualquier índole. Conquisté hace muchos años la libertad del pensamiento, de la palabra y de la acción, y no voy a renun¬ciar a tan sagrado derecho después de haberlo adquirido a fuerzas de grandes luchas espirituales. No se sale de una cárcel para recluirse voluntariamente en la estrechez de una mazmorra.
Soy pacifista porque soy un hombre civilizado y porque sé que la violencia nada resuelve. De ningún conflicto se libera el mundo con la sangre vertida en los campos de batalla, y muchos problemas se resuelven con la cordialidad de un pacto o con la eficaz persuasión de la palabra. Nunca perdonaré a quienes aprovechan las conquistas de la investigación científica para llenar el mundo de cementerios y sembrar de cadáveres anónimos el campo que antes ocuparon árboles y espigas, mientras la cíencia, la buena ciencia, se afana por descubrir secretos para la salud y el bienestar de los hombres.
Babel expone en forma lírica mis íntimos sentimientos en la hora actual, preñada de peligros, saturada de incomprensión y enferma de intolerancia. El largo poema contiene, casi al final, estas palabras:
Y me puse a soñar. Y miré al hombre,
en comunión de fraternal sosiego,
sobre una patria con el mismo hombre-,
tenderse hacia el azul un mismo ruego
dulce y coral; arder en cada entraña,
al soplo del amor, un mismo ruego…
Un sueño lejano; pero realizable.
* La enumeración de los fragmentos es nuestra.
Continuación...
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