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E Glez Rojo Arthur
Especial/Síntesis
20 de marzo de 2003, día de la invasión a Irak
El hombre no existe
Los antropoides, nostálgicos,
Dieron a luz criaturas con máscaras lampiñas
Y cuerpos con carne abotonada.
No existe.
O, para no dejar el micrófono en
Manos de la hipérbole,
Sólo se le vislumbra,
O se prefigura,
O es el lejano rumor de…
En aquellos que, en un juego de manos,
Sacan a la intemperie el corazón
Transmutándolo en puño.
Hay gruñidos por todas partes:
Se ocultan en algún poro del suspiro,
Se leen entre líneas
En el pentagrama,
Son el esqueleto de lo que dices,
El murmullo que se oye en le horizonte…
El hombre, lo que se llama hombre,
Brilla por su ausencia,
Se le quedo entre los dedos al demiurgo
O se halla en la mirada perdida hacia delante
De un proyecto.
Carajo, qué tipo de hombre podemos ser
Si estamos desterrados de nuestra propia esencia
O habitando una carne,
Una galería de sensaciones,
Que es incapaz de sacudirse
El lodo de su hechura.
Nos falta tanto:
Torcerle el brazo al tiempo,
Nadar a contracorriente
Para llevar en los despiertos ojos
El futuro.
Hay que hacerle un injerto de silogismos
Al corazón.
Hay que cantarle canciones de cuna
a nuestras zarpas.
Hay que llevar al diván o a la camisa de fuerza
La saliva psicógena del hombre
Contemporáneo.
Hay que humanizar sus neuronas.
Hay que.
Somos la peor de las especies animales.
La bestia de carga
De nuestra propia sinrazón.
El capítulo o más negro de la zoología.
Tal vez tenemos todos
Los órganos internos apresados
Por la telaraña de la brutalidad
Que nos conforma.
No hay animales (leones, oso, coyotes)
Que, al matar a una de sus presas,
Hagan sádicos carnavales de sangre
A medio pecho.
Ningún depredador
Se pone a escuchar con deleite
Los quejidos de violoncelo herido
Del antílope moribundo.
Su ley, su patrón instintivo,
Es, sí, la lucha por la existencia
Y buscar su alimento cotidiano
Por todos los rincones del deseo.
Pero qué maravilla es descubrir de pronto,
Cuan do la madre llovizna sus dedos
En la frente de su cría,
Una garra moldea da en la ternura
Y a punto de ser mano,
O las húmedas caricias de la lengua
Que da su bienvenida de rocío
Al cachorro que nace.
En cambio, nosotros,
La supuesta cúspide de la evolución,
¿Cómo vamos a ser hombres
Si no sabemos detener las catástrofes que brotan
De las cloacas cerebrales
De un demente?
***
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